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martes, 9 de agosto de 2022

Patio

Ella lo vio tenso frente a la computadora, con varias ventanas de Excel abiertas al mismo tiempo. "Quizás algo no le sale" pensó.

Se acercó y le rozó el hombro derecho con el dedo índice. "No sé qué te pasa, pero relájate. Ven al patio conmigo" le dijo.

El patio, las flores, el momento bajo el sol, el tereré, las cosquillas que sintió, ella... Ella, aún sin saberlo: ella le salvó la vida.

miércoles, 3 de agosto de 2022

Cinco minutos

De la última vez:

un cuenco en la espalda,
cause de agua entre los médanos,
arena ardiente donde perderse

dos lunares en el cuello,
frutos de la tierra
que esconde el río rojo de la vida

tres tristes tigres
sin haberse animado a dar el salto,
que yo di para recibir tu zarpazo

cuatro manos
para empezar una casa, manos como
masas y espadas para proteger las princesas

cinco minutos, como Amanda,
para encontrarnos en el fondo de los ojos,
y hacer la vida eterna.

1 junio

viernes, 29 de julio de 2022

Velitas

No quiero un "3" y un "9"
tampoco una vela que diga "casi 40"
quiero 39 velitas en la torta.

Las quiero azules y también rosadas,
las quiero de colores y espiraladas,
como la vida misma.

Velas de verdad, de cera pintada.
Velas que se consumen y se apagan,
que humean, como la vida misma.

Quiero prender las velas de a una,
necesito que el humo lleve mis deseos al cielo,
que los lleve de a uno, como la vida misma.

Tengo 39 deseos y menos años.
En muchos de ellos se repiten los nombres,
pueden ser muchas, pero quiero 39 velitas.

1 junio 2022

Desayunos

Si me acepta los desayunos como poemas,
las media mañanas que a veces le preparo,
no deberé tantos escritos como quiero darle.

La vida no es hacer poemas, sino poesía,
no es decir, es hacer.
Si me acepta, cada noche haremos poesía.

martes, 21 de septiembre de 2021

La abuela

La abuela se detuvo en la esquina, y miró a cada lado, dispuesta a cruzar la calle. También llegaron unos jóvenes, con la misma intención. Éstos, al cruzarla, le dijeron "quítese, vieja arrugada"

Ella, con la sabiduría de los años, y amante de la poesía se limitó a recitar: "Como te ves, me vi; y como me veo, te verás". Irrespetuosos, los chicos apuraron el paso sin escucharla siquiera.

"Discúlpeme abuela, hoy la contradeciré" -dijo alguien besándole la frente. Y, cosa nunca antes vista, la guadaña de la muerte salió disparada como un búmeran, que, luego de cumplir su cometido, volvió a manos de su dueña.

"Disfruto de esto", pensó la muerte mientras veía alejarse a la abuela.

miércoles, 28 de octubre de 2020

La espera

Con los días, sucesivamente ha ido durmiendo menos, aunque no lo notan su cuerpo ni su mente. Sola en la casa, la mujer ha caminado en círculos tanto tiempo que la alfombra de la sala se ve como un sendero en medio del pasto. O como una trinchera, considerando que ese andar infinito en ese espacio tan finito es lo que la protege.

 Son las 21:00hs. Acaba de terminar el noticiero central, sin que ella haya escuchado algo, siguiera el pronóstico del tiempo al que suele ser tan adicta Empieza ahora un programa de distracción farandulero que se le hace mudo: ve en la pantalla a algunos comediantes y una modelo que ríen y gesticulan pero no los oye. No lo entiende.

 De pronto algo la saca del magacín: suena el teléfono y lo atiende con prontitud.

 -          Dime algo positivo, hija mía – pide.

 Escucha la respuesta moviendo la cabeza afirmativamente. Se despide con calma. Suspira. Vuelve a la caminata infinita.

 Son las 22:00hs. Sale de su círculo mágico para avanzar por otro sendero que ha ido formando sin querer: el que va a la cocina. Abre la heladera y la luz que se enciende la petrifica. Sus ojos se posan sobre un pollo horneado, perfectamente dorado y casi sin tocar, pero no lo nota. Lo que hizo fue una rutina: no busca nada, no ve nada, solo piensa, piensa más de lo que debería pensar.

 Cierra la puerta inferior y abre la del congelador, de donde toma un hielo. Piensa enfriar para tomar un jugo de pomelos, que en la tarde no tomó porque estaba muy frío, y luego quedó sin guardar. Coloca el hielo en la mesada y toma un cuchillo común. Quiebra el hielo de un golpe, pero en vez de seguir con la preparación da otro golpe, y luego otro y otro. El hielo se dispara destrozado por la mesada y el piso, y solo cuando el cuchillo le salta de las manos se deja caer al piso. Llora, llora desconsoladamente.

 A las 23:00hs piensa en cuánto llanto puede caber en una hora. Ya está calmada. Ha llorado, se ha limpiado y esta vez sí ha tomado el jugo de pomelo, 2 vasos bien fríos. Siempre en su sala, repara en la ventana grande que da a la calle. Siente que su alma fue tomando el ritmo de afuera, cada vez más calma, silenciosa y profunda. Inclusive la llovizna que empieza a caer.

 Decide rezar y opta por un rosario para poder aferrarse a algo material, como solía expresar: para sentir “a alguien” sosteniéndola de la mano. Confunde los misterios del día, lo que es entendible, pues ella misma confunde los días, está sin noción de ellos. El primer misterio lo completó bien, el segundo lo extendió unas aves María y los demás los juntó repitiendo la oración desordenadamente unas 60 veces. Los dedos no avanzaban sobre las cuentas, sino que se apretaban por ellas mientras el pulgar gastaba solamente una durante toda la plegaria.

 Su fe es menor a sus pensamientos, y es que piensa más de lo que debería pensar. Y lo que piensa ya no es ordenado. No da tregua a su mente y sus pensamientos se le presentan como visiones, unos invitándolo a jugar, otros a que se acueste un rato. No acepta ninguna oferta y espanta a quienes lo seducen prendiendo la radio. No escucha qué es lo que suena, pero deja de escucharse así misma por un rato y eso le gusta.

 Sabe que debe dormir, pero su cama es otra descuidada pretendiente. Algo teme, especialmente ese día. Se aprieta el pecho y suspira.

 Entonces, cerca ya de la media noche, la calma de esa noche de barrio tranquilo se quebranta con una serie de ladridos. Es miércoles o jueves, no suelen haber borrachos esos días. No los hay. Tampoco tienen ni aparecen en escena amigos de lo ajeno. Es raro, pero los perros no se detienen y los ladridos se hacen chillidos. Entiende que es un anuncio funesto y se santigua con el rosario aún liado en los dedos.

 El teléfono de la casa suena de nuevo, puntual a las 00:00hs, o quizás 1 minuto después. Un corazón contento pero con la voz llorosa la llama desde el hospital para contarle que su nieta ha salido de terapia intensiva, finalmente. Serán noticia por haber vencido al coronavirus. Nadie contesta y la joven piensa en que su madre se habrá quedado dormida y está descansando un rato, por fin, después de tan trágica semana. No insiste para no demorarse y volver junto a su hija.

  

El reloj avanza con su ritmo de carreta antigua, lo que no le impide marcar que son las tres de la madrugada. Afuera los perros siguen llorando. Adentro ya nadie esperará a las chicas cuando vuelvan del hospital.


jueves, 23 de enero de 2020

Bruno

I
Bruno mira al lado de sus hijos la procesión que camina para dar entierro a uno de sus héroes en la comunidad aché. Están tranquilos, y si bien sienten un fuego en el pecho, no es el duelo en sí, sino la necesidad imperiosa de tener justicia. Coinciden en el pensar y en el sentir, no es justo. Esos chicos no tienen lágrimas en los ojos, tienen escenas, con voces incluidas y hasta alientos que calientan el cuello. Escenas como una de las últimas, tomando tereré en medio de risas:

- ¿Volverás pronto?
- Me parece que no -responde el padre- pero igual, siempre estoy y siempre estaré con ustedes.
- ¿Alguna vez tuviste miedo en este trabajo, papá?
- El monte es nuestra vida, ustedes son mi vida. No se puede tener miedo de defender la propia vida…

II
Atardece y el sol empieza a hundirse en las copas de los árboles, mientras pinta de naranja el cielo sobre tanto verde. Las manos de Bruno son jóvenes pero tienen las apariencia de quien ha vivo cerca de un siglo, y también esa sabiduría. Mueven de lado a lado la bombilla en la guampa antes de cebar el tereré que acerca a su compañero. El otro sorbe la bebida y corta el silencio con una pregunta:

- ¿Serán cazadores? ¿Serán cultivadores?
- Me parece que no -responde Bruno- debemos tener cuidado mañana.
- ¿Alguna vez tuviste miedo en este trabajo? –le pregunta también Idilfo, un tercer compañero.
- No se puede tener miedo de defender la propia vida.

III
Amanece y el grupo sube a su bote con motor para inspeccionar las orillas del Jeju'imi. Quieren confirmar un campamento ilegal en la reserva, quieren proteger el alma de la tierra que reposa en esa parte del Paraguay. Avanzan sin mucha conversa entre ellos, la vista de águila supervisando lo que se ve y lo que no en el territorio, avanzan 10, 20 y hasta 30 km de su base. Entonces divisan el campamento, desde donde enseguida los saludan con una nutrida descarga. No es un juego, es peligroso y lo saben. Los cuatro saltan al río buscando el refugio de las aguas, alguien lanza un grito.

IV
Bruno mira al lado de sus hijos la procesión que llega a su destino, está tranquilo porque sus hijos están bien. A ellos no les duele enterrar ese cuerpo, que además es semilla. Saben que esa persona no se va, que se queda para seguir con la lucha al lado de su comunidad. Respiran y luego miran hacia arriba repitiéndose como mantra: no se puede tener miedo de defender la propia vida.


Epílogo
Bruno Chevugui y sus compañeros fueron emboscados por desconocidos el 7 de febrero de 2013, mientras patrullaban la Reserva del Mbarakaju por el río Jeju'imi. Bruno recibió un impacto de bala que terminó con su vida, y fue arrastrado aguas abajo, donde se lo encontró dos días después. Sus compañeros sí salvaron la vida, pero solo luego de ser rescatados del monte pudieron contar la historia. Historia que quedó como legado, y que no ha terminado.

viernes, 6 de abril de 2018

Autocorrector

El autocorrector es una función que conozco hace pocos celulares, y si bien me parece una herramienta interesante, mayormente me fastidia. Tengo muy claras las palabras que quiero escribir, y soy consciente de las acentuaciones que hago (lo odio más cuando deseo expresarme en jopará, que es el uso combinado del idioma guaraní con el español, y cambia a su antojo lo que escribo).

A principios de esta semana le escribí a Karyna un mesaje que decía
"Agradezco a la vida la oportunidad de poder andarla contigo"

pero el autocorrector metió su cuchara y el mensaje casi-casi fue así
"Agradezco a la vida la oportunidad de poder mandarla contigo"

Y sí también... pero no era lo que estaba pensando.
Odio al autocorrector.
El hecho de que me conozca no le da derecho a cambiar mis palabras.