viernes, 17 de noviembre de 2017

El desfile del agua (o lo que no vemos todos los días)

Los frutos que estaban en el suelo del bosque daban cuenta de la llegada inminente de la temporada estival. Andaba con los pies desnudos y disfrutó esa idea, pese a lo fresco que estaba el aire. A su parecer, la naturaleza amaneció raramente silenciosa ese día de noviembre.

Ella sobrevivió a la noche, pero no había comido. Cuando los vio, del tapiz de colores puesto sobre la tierra, escogió los verdes, y juntó varios de aquellos guaviramí en cada mano. Los sacudió apenas por los muslos y los llevó a la boca de varios a la vez. Comestibles, exquisitos, solo masticarlos le devolvió la luz a los ojos y el alma. Escupió las cáscaras y sonrió. Otra tanda.

Luego de saciarse, agradeció por el alimento y enseguida notó que más allá había también mangos. Serán para el almuerzo, pensó y miró hacia el noroeste. Se dirigió al río, su murmullo era fuerte, había correntada. No, no era momento de cruzarlo. Se recostó por un árbol a mirar el desfile del agua y entonces, invencible, una lágrima rodó por su mejilla mientras pensaba que quería volver con su familia.

La correntada, el tiempo y su corazón se detuvieron por un segundo. Una canoa plateada apareció de pronto y alguien a quien no distinguía le preguntó si quería su ayuda para cruzar a la otra orilla. Ella dudó, pero ante la insistencia amable y sonriente, se levantó y se acercó cada vez más al agua. Cuando estaba por llegar, escuchó el rugido paralizante de un jaguareté a sus espaldas y vio cómo la canoa se alejaba de ella, más que surcando, volando sobre las aguas.

Eran unos pocos chicos y chicas, pero gritaron como miles. Su colegio estaba a media cuadra de Mcal. López y ese día llegaban temprano. Pese a la distancia, notaron que algo no estaba bien en la escena de allá abajo y no dudaron de correr y defender a la niña. Ganaron una batalla, pero aún no la guerra, pues para ella la ciudad seguiría siendo una selva. Lo supieron cuando vieron rodar una lágrima por su mejilla mientras pensaba que quería volver a su comunidad.

martes, 14 de noviembre de 2017

Me gusta la poesía

Cuando te gusta la poesía,
es fácil hacerte
de unos minutos en la madrugada
para encontrarla,
para leer al menos un soneto antes de salir de casa,
para ir vestido de ella un poco,
y sonreír,
mucho,
todo el día.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Guiño

Sus ojos
son como el disparador
de una fragancia enfrascada,
y cuando guiña uno,
cualquiera de ellos,
lo perfuma todo.
Todo.

Todo lo perfuma.